¿Puede la Meditación Cambiar el Comportamiento Compasivo?

Mind & Life Blog
por Wendy
5 de abril de 2013

A la mayoría de nosotros nos gusta pensar que somos personas compasivas y que teniendo la oportunidad, reconocemos el dolor de otro y que nos volcarnos a ayudar. Pero en medio de nuestra vida cotidiana ¿qué tan compasivos somos realmente? ¿Y es esto algo que podemos cambiar nosotros mismos?
Estas preguntas fueron el enfoque de un reciente estudio dirigido por Paul Condon, un estudiante de post-grado en Psicología Social, y el Dr. David DeSteno de la Northeastern University. El experimento brindó a los participantes, ocho semanas de instrucción sobre la meditación. Reunidos durante dos horas a la semana, a la mitad de los participantes se les enseñó técnicas para fomentar la atención, y a la otra mitad fueron entrenados en la compasión. Un grupo comparativo de personas que estaban interesadas en aprender sobre la meditación, también recibieron entrenamiento después que el estudio fue completado.
Después de ocho semanas de instrucción, los participantes tomaron varias pruebas cognitivas, creyendo que el experimento era medir el efecto de la meditación sobre procesos como la atención y la memoria. Sin embargo, el verdadero objetivo era comprender los cambios en el comportamiento compasivo de ayudar. Aquí es donde el experimento obtuvo su inteligencia refinada.
La configuración del proceso fue como se describe a continuación. Cuando un participante llegaba a hacer sus pruebas cognitivas al final del estudio, él o ella entraba en una sala de espera y se encontraban con tres sillas, dos de las cuales estaban ocupadas. Sin que los participantes lo supieran, las otras dos personas en la sala de espera eran “cómplices” -eran colegas que participaron en el estudio, pero que se hacían pasar por transeúntes. Naturalmente, el participante tomaba el tercer asiento y esperaba. Después de un minuto un tercer cómplice, una mujer, aparecía en la esquina usando muletas y una bota para caminar. Ella hacía una mueca de dolor al andar, se detenía cerca de las sillas, miraba su teléfono celular, y luego suspiraba audiblemente mostrando malestar y se recostaba contra la pared. Los otros dos cómplices seguían esperando, sentados. Esta escena se prolongaba por dos minutos más.
La prueba de fuego era conocer si el participante se sentiría movido a responder con compasión, y le cedería su silla a la mujer con muletas. Condon y sus colegas encontraron que había una clara diferencia en el comportamiento: los que habían recibido el entrenamiento en la meditación (ya sea en la compasión o en la atención) eran cinco veces más propensos a ceder su asiento a la mujer con muletas, que los que no habían practicado la meditación. Ese es un enorme efecto.
¿Un pequeño gesto? Tal vez sea así. Sin embargo, hay quienes sostienen que este tipo de medidas de comportamiento podrían ser más significativas que las derivadas de un electroencefalograma o una máquina de resonancia magnética -que indican la forma en que respondemos a nuestros semejantes.
Este resultado es aún más sorprendente si se considera que las probabilidades estaban en contra del participante. “Lo verdaderamente sorprendente de este hallazgo, es que la meditación hizo que las personas estuvieran dispuestas a actuar de manera virtuosa -de ayudar a otra persona que estaba sufriendo- incluso frente a una norma de “no lo haga”, dijo DeSteno. “El hecho que los actores estaban ignorando el dolor crea un ‘efecto espectador’, que normalmente tiende a reducir la ayuda.” Tal vez usted ha experimentado este efecto por sí mismo, que es el de sentirse menos inclinado a ayudar a alguien en necesidad, si usted está en plena calle y con otras personas que fingen que la situación no existe. Que estos participantes estuvieran tan dispuestos a ayudar, incluso ante esta presión implícita de permanecer sentados; sugiere un efecto de gran alcance de la meditación en el comportamiento social.
Condon reflexiona: “Sabíamos que la meditación mejora el bienestar físico y psicológico de una persona, pero ahora tenemos evidencia de que la meditación aumenta realmente el comportamiento compasivo.” Aquellos que están familiarizados con la meditación saben que a veces es fácil sentir compasión cuando se está sentado pacíficamente (y solo) en el cojín, pero que es en nuestra vida diaria y a través de las interacciones con los demás, donde el caucho encuentra el camino.
Nosotros, en “Mind and Life” estamos encantados de ver este tipo de investigación, la cual se lleva a cabo sobre los efectos reales de la práctica contemplativa. El estudio de Condon fue galardonado con el Premio de Investigación Francisco J. Varela de “Mind and Life”, y se publicará próximamente en la revista “Psychological Science”. El Co-autor Gaelle Desbordes del Hospital General de Massachusetts y la Universidad de Boston es también un ganador anterior del premio Varela.
A Condon fue otorgado recientemente un Premio 1440 del “Mind and Life” para poder continuar con este trabajo, el cual junto con el estudio descrito anteriormente conformarán su tesis doctoral. Teniendo en cuenta el papel del “Mind and Life Institute” en su desarrollo profesional, él comentó, “que el Mind and Life ha sido un recurso muy bueno para mí. La comunidad me proporciona una sólida base científica para estudiar la meditación, y la oportunidad de interactuar con expertos en neurociencia y la beca contemplativa. El financiamiento del “Mind and Life” es el que me ha permitido realizar una investigación interesante sobre los efectos sociales de la meditación, la cual no habría podido llevar a cabo de otra manera. En general, probablemente no habría llevado a cabo la meditación como un tema de investigación sin el apoyo de la comunidad “Mind and Life” y estos premios”.
Como en cualquier estudio, este experimento tiene sus limitaciones, y hay que llevar a cabo el trabajo de seguimiento. Un problema potencial es que el grupo de comparación no fue expuesto a las interacciones sociales y a la presencia de un profesor que participara con el grupo de meditación de uns manera semanal. Es posible que el aumento observado en el comportamiento de ayuda, no se debiera específicamente a la meditación, sino a otras influencias sociales. Las medidas indican que tanto los grupos de meditación como los grupos de control, tuvieron niveles similares de interacción social en sus vidas durante el transcurso del estudio; por lo que esta posibilidad es poco probable, pero la investigación futura tendrá que descartarlo de manera concluyente.
Esperamos con interés los resultados del próximo estudio de Pablo, quien extenderá su trabajo para investigar los efectos de la meditación en las respuestas conductuales y fisiológicas de la ira en el mundo real. Esperamos que estudios como éste nos ayuden en el futuro a comprender cómo es que los beneficios de la meditación “fuera del cojín”, pueden aliviar el sufrimiento en la vida cotidiana.

Wendy Hasenkamp, ​​PhD
Oficial Científico Principal, Mind & Life Institute
Traducido al español por Lorena Wong.

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